EL PODER DE LA SANGRE DE CRISTO

Como cristianos, sabemos acerca de la sangre, cantamos himnos acerca de la sangre, y la recordamos durante la Comunión. Pero, ¿cuántos de nosotros sabemos realmente lo profundo que es su poder y todo lo que nos ha proporcionado? Aún más importante: ¿cuántos de nosotros la usamos y la aplicamos en nuestras vidas todos los días?

Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, las palabras «la sangre» se mantienen ante nuestros ojos, un recordatorio de su importancia y significado para Dios y para nosotros. Los sacrificios de Abel, Noé e Isaac, el cordero pascual y la ofrenda de la ley se cumplieron, pero «no sin sangre» (Hebreos 9:7). La sangre simboliza la limpieza y la purificación: el asentamiento de una materia.

Dios es amor. Y la expresión más grande de Su amor hacia nosotros es la sangre de Jesús. Ese amor cubre cada necesidad que el hombre ha tenido o tendrá, y cada vez que aplicamos la sangre, experimentamos una efusión de este amor. Es el amor, a través de la sangre, que ha creado una barrera entre ustedes y todas las obras del diablo.

«De todas las cosas gloriosas que significa la sangre, ésta es una de las más gloriosas: Su sangre es la señal, la medida, sí, la difusión de Su amor.» -Andrew Murray

Elevemos la sangre de Jesús al mismo lugar en nuestros corazones que tiene en el corazón de Dios, y despertemos en nuestros espíritus esas cosas poderosas que la sangre ha procurado para nosotros. El poder de la sangre de Jesús ha provisto todo lo que usted necesita para vivir una vida de victoria, incluyendo redención, compañerismo, sanidad, protección y autoridad sobre el diablo.

LA SANGRE DE CRISTO COMO SÍMBOLO DE REDENCIÓN

«Tenemos redención a través de Su sangre.» -Efesios 1:7

Conoces la historia. Satanás busco a la esposa de Adán, Eva, en forma de serpiente y la engañó para que desobedeciera a Dios. Adán hizo lo mismo e hizo lo que Satanás le dijo que hiciera en vez de obedecer a Dios. Cuando hizo eso, hizo a Satanás su señor. Al doblar su rodilla ante Satanás, Adán le dio la autoridad que Dios le había dado. Él hizo a Satanás el gobernante ilegítimo de la tierra.

A partir de ese día todo cambió. Con una sola transgresión, la muerte fue pasada a todos los hombres (Romanos 5:12). La tierra y todo lo que hay en ella fue súbitamente maldecido y el hombre fue separado de Dios por el pecado. Suena inamovible, ¿verdad?

Pero Dios tenía un plan.

Su plan de redención era el mismo que el de Abel, Moisés y Noé: sería a través del derramamiento de sangre. Tal gran redención para toda la humanidad, por toda la eternidad, no podría lograrse a través de la sangre de un solo macho cabrío o carnero. La redención de esta magnitud requería un sacrificio mucho mayor: la sangre de Su Hijo Jesús.

La cosa más grande que la sangre de Jesús logró fue esto: lavó todo tu pecado y te hizo limpio y puro, blanco como la nieve. Desde el momento en que recibas a Jesús como Señor de tu vida, Dios no recordará ningún pecado pasado en tu vida. ¡Así de poderosa es la sangre!

¿La mejor parte? Usted no tiene que ganar y pagar por lo que ha sido provisto en la Cruz. De hecho, no podrías ganártelo aunque lo intentaras. Lo mejor que puedes hacer es aceptar alegremente este regalo.

Además de ser redimidos del pecado, la sangre también nos liberó de la maldición de la ley para que LA BENDICIÓN de Abraham pudiera venir sobre nosotros en Cristo (Gálatas 3:13).

¿Cuál es la maldición?

La maldición es la muerte, el pecado, la enfermedad, la pobreza, la carencia, la depresión, todo lo malo que se te ocurra. La traición de Adán le dio a Satanás autoridad sobre la vida del hombre, pero debido al poder de la sangre de Jesús, en el momento en que usted hizo a Jesucristo el Señor de su vida, usted fue redimido de la maldición y Satanás fue expulsado del negocio.

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